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Acerca del poema Estrella, de Derek Walcott

C.M. Roos

Para leer el poema estrella, del Premio Nobel de Literatura Derek Walcott, haz click aquí

La principal imagen presente en Estrella, es el juego poético que el autor establece entre la luz de la estrella (objeto de esta composición) y otra luz más potente, tal que la primera se ve anulada por la segunda. En principio, el poeta se refiere a esta luz plena como la "luz de las cosas", de un estado particular e irrefutable de las cosas, pudiéramos decir, ante la cual el astro se hace tenue. La naturaleza de la luz agobiante más tarde se nos muestra como luz de día, siendo una suerte de estrella diurna la que ocupa al poeta: "demasiado pronto para el crepúsculo, demasiado tarde para el amanecer". Esta idea viene insinuándose unas líneas antes, cuando se establece un delicado símil entre la luz de la luna y la luz de la estrella: lo tenue, lo nocturno, su percepción sólo posible en ausencia del sol, ata con fuerza ambas imágenes.

Reflexionemos sobre este juego de luces y sombras. Tenemos que la luz que merma al astro es la luz del estado de las cosas, la luz del día, la cual podemos asociar sin esfuerzo a la idea de claridad como ámbito de la realidad práctica, de la tentativa de objetividad, de la impiedad y el autoritarismo del suceso. Dicho nexo, por contraposición, nos habla a la vez de la oscuridad como lo subjetivo, la penumbra de la imaginación y el anhelo. La estrella se halla macilenta ante el imperio del sol, como es de esperar teniendo en cuenta que la espera pertenece al reino nocturno: no tiene cabida.

Teniendo claro el desencaje ubicacional de la estrella desde la significación poética que concatena este hecho, veamos la manera en que ésta opera sobre el poeta; el hablante lírico pide los favores de la estrella para que sirva de guía en medio del caos: "pueda tu flama guiar lo más vil de nosotros por entre el caos con la pasión del pleno día"

Ahora bien, al examinar con detenimiento esta última expresión del poema, hay ciertos detalles importantes que conviene puntualizar. Primero, la guía de lo vil a través del caos por parte del objeto poético, nos habla de una especial idealización, al colocarse el hablante lírico del lado de lo vil, que podemos aventurar a definir como lo tosco, lo torpe, lo malo, los propios demonios, lo humano en estado de tribulación. La angustia y la nostalgia respecto a la estrella es apreciable a lo largo de la composición.

La razón de ser de esta angustia a la que nos referimos es, precisamente, el segundo punto determinante del fragmento en cuestión. Debo admitir que por el ritmo y el tipo de imágenes del poema, me hallé en la candidez de leerlo considerándolo a priori como poesía de amor en tanto desahogo de un profundo despecho. Incluso, el emplear de tal forma el recurso del astro, que por definición implica lejanía del objeto amado, me hizo pensar en el dolor ante la ausencia. En cierta forma estaba en lo correcto, mas la naturaleza del dolor y de la ausencia era distinta a la de mi precoz aproximación. Lo que me llevó como lector a identificar esta fundamental diferencia fue el uso de la palabra nosotros, "lo más vil de nosotros". Esta expresión implica un sentido obvio de pertenencia a un conjunto o individuo dado. De cara al texto lírico, se nota que la estrella es ajena a tal relación de pertenencia, al punto que el hablante lírico pide el favor del astro para su grupo. Si no se pertenecen (el hablante y el objeto) y la petición no les une de forma más estrecha que la que se denota, la posibilidad de los amantes queda bastante relegada.

El caos del que la estrella debe proteger a aquellos, esa fatalidad que ocasiona la angustia, está precisamente en la ausencia de la estrella, en la distancia invencible, aceptada con resignación. Así tenemos a la estrella: "lánguidamente retraída de nuestra resuelta y apropiada distancia". Y luego el anhelo: "que puedas deleitar esta casa sin ser vista", sin cuerpo, quizá como recuerdo.

De todo esto, podemos percibir la imagen de la muerte, a partir de la imagen de la estrella, lejana, ausente, en el firmamento. Ausencia que es el sol-fatalidad, el día implacable que ilumina el estado de las cosas, por demás irreversibles e irrefutables. Ante verdad tan aplastante, la estrella se hace pálida. Debe acudir a la noche, a su ámbito, al recuerdo y la nostalgia, pues sus tierras dejaron de ser ya las de la luz. Una pérdida que puede referirse a cualquier tipo de objeto amado. Por establecerse el hablante como especie de corifeo de su grupo ("lo mas vil de nosotros", "nuestra resuelta y apropiada distancia"), me inclino a pensar en un hijo o un padre más que en un amante.

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